«Formas de ser y no ser madre» reseña de Casas Vacías de Brenda Navarro

¿Qué clase de bondad hay en quien exige amor dando amor? Este interrogante sacado de esta emocionante y cruda novela resume muy bien el conflicto entre egoísmo y altruismo en que se asienta uno de los hechos más edulcorados y sujeto a tópicos de nuestra sociedad: la maternidad. Brenda Navarro (Ciudad de México, 1982) se propone echar abajo en ciento cincuenta páginas esta visión amable y fingida dando rienda suelta a un sinfín de emociones contradictorias y también a un acusado sentimiento de culpa que entronca con la tradición y moral católicas. La felicidad es, por tanto, un hecho ausente que se materializa en el mismo título de Casas vacías y en los continuos nudos en el estómago que su lectura genera, especialmente si se hace continua, sin ningún descanso.

Pese a lo que el grosor de su lomo pueda sugerir, este libro, que podríamos clasificar como nouvelle o novela corta, tiene una arquitectura muy cuidada que permite dilatar un conflicto argumental conocido desde casi el principio y también dar oxígeno al lector en este retrato social tan asfixiante por su dureza. Las narraciones en primera persona de dos madres unidas por la desaparición de un hijo se alternan con una complementariedad y una simetría casi perfectas. Aquí Brenda Navarro, en el que es su primer libro, hace gala de un gran instinto narrativo al diferenciar con inusitada solvencia los puntos de vista, las obsesiones y el registro lingüístico de estas dos voces asaeteadas por la culpa. En la primera de ellas, por haber perdido a su hijo de tres años y al mismo tiempo saberse incapaz de aceptar como tal a su sobrina huérfana; en la segunda, por no haber dado a luz a un hijo propio, probablemente por haber escogido al hombre equivocado, y porque el acogimiento de otro niño que lleva a cabo no cumple con sus expectativas. Todo ello se va desgranando con narraciones muy ágiles que hibridan con el monólogo y que juegan con los registros y voces del español engrandeciendo nuestra lengua como solo saben hacer al otro lado del Atlántico. En algunos puntos la novela parece crecer hacia otros temas y conflictos fundamentalmente sociales, pero la autora poda rápidamente esas yemas que podrían darle más empaque y riqueza y concentra el relato en una maternidad no idealizada, sino llena de aristas, tales como el arrepentimiento, el miedo o los celos.

Quien por la trayectoria feminista de la autora —socióloga de esta especialidad, directora del proyecto editorial para mujeres Enjambre Literario— pretenda encontrar en Casas vacías un relato simplista donde los malos y los buenos se distribuyen según su sexo se sentirá defraudado al completar esta lectura rica y audaz. En sus líneas, como en las mejores tragedias griegas donde tal vez Navarro se inspira, simplemente no se salva nadie, tampoco las dos madres. El retrato es lúgubre y lo que prima es la desconfianza, el pesimismo y la culpa, aunque en la conclusión muy sutil que se adivina al final asome algo de la justicia de esos dioses de Eurípides.

                                                                       Casas vacías

Brenda Navarro

Sexto Piso, 2020

164 páginas, 16.90 €

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